Cuando se encontró con Elisa, le parecieron comunes algunas actitudes, como la de no querer hablar con la familia de él, ni presentárselo.
Andrés suponía que después de tantos años de estar fuera del país, le costaba aclimatarse. A Elisa la conoció bailando tango. Fue una pasión fuerte. Ella lo alojó en su casa y al poco tiempo le pidió que quería tener un hijo con él.
Sólo le recordaba la juventud pasada en Argentina, aunque las mujeres ya no tenían las mismas costumbres de antes. Lo que sí, ella cocinaba con el olor de la casa de su abuela.
Debía volverse a Austria, por trabajo y así se lo comunicó.
En los viajes que emprendió por el mundo, cuando tenía 22 años, había conocido muchas minas, pero ahora lejos, pensaba que nunca en una mujer como ésta. Le atraía el pedido que le había hecho.
Nunca pudo enterarse, por qué entró como por un tubo en esta relación. Sí porque bailaba bien tango y ella le enseñaba, sí porque quería volver a su país de origen y entonces el pedido tenía razón de ser.
Mientras que en su cabeza pasaba todo esto, una mañana recibió un correo, donde le decía que estaba embarazada.
Que dirían sus dos hijos ya grandes de esto. Caminó hacia su casa, con los brazos a los costados del cuerpo, la cabeza baja, pensando y pensando.
Una semana después le respondió que siga con todo, él iba a volver a Buenos Aires, que lo espere con ternura. Cuando llegó, se encontraron. Elisa le dijo -no quiero que vivas en mi casa-.
-¿Cómo? para eso volví.- Dijo Andrés.
- Este es mi lugar, buscate uno tuyo. Igual no nos vamos a seguir viendo.-
Como le decía el padre cuando era joven -sos muy testarudo- y él siguió adelante. Se alquiló un departamento cerca. Dejó todo su trabajo en Europa, instalándose en el barrio de Palermo, continuaba su trabajo a través de Internet.
Siempre había sido un hombre de éxito, sobre todo con las mujeres. Y en el trabajo había tenido éxitos económicos, por lo cual podía ahora dedicarse a esperar este hijo.
Ella estaba distante y decía que el embarazo la ponía así. A veces salía con una amiga, hasta que un día, fueron a la clínica, nació la niña. Él se sentía rechazado, no le presentaron a la familia, la amiga estaba siempre cerca de ella y mientras la estaban vistiendo para irse de la clínica, ella le dijo – no te quiero ver más.-
Se dice que algunas mujeres pasan la depresión posparto. Pero a él, le apareció la depresión masculina, debido al rechazo furioso que sintió.
Empezó a gastar el dinero. Mientras tanto ella no quería que visite a la niña. Y empezaron a encontrarse a través del odio. Carta va, carta viene, abogados, querellas, ADN, jueces, citaciones, juicio penal, alimentos pagos y no retirados, asistentes sociales en el medio del padre y la niña.
Hasta que Elisa un día le dijo, -¿Por qué no te vas? No entendés que lo único que quería era un macho para concebir un hijo. Y no quisiste ver nada, aquella tarde yo te presenté en el café a esta amiga, que vos entendiste que yo queria que te la levantes. La realidad es mi pareja-
Él, cada vez, estaba más asombrado de esta mujer que había elegido, para volver a Buenos Aires y armar un nido de amor...
A pasado el verano, hoy cumple 61 años y está solo en un bar. Se quedó mirando la calle llena de los restos de basura que dejaron los cartoneros. Una muñeca rota, tendida en la vereda, había sido arrancada de las manos de la niña.
Septiembre de 2008
Lic. Victoria Aloisio
Andrés suponía que después de tantos años de estar fuera del país, le costaba aclimatarse. A Elisa la conoció bailando tango. Fue una pasión fuerte. Ella lo alojó en su casa y al poco tiempo le pidió que quería tener un hijo con él.
Sólo le recordaba la juventud pasada en Argentina, aunque las mujeres ya no tenían las mismas costumbres de antes. Lo que sí, ella cocinaba con el olor de la casa de su abuela.
Debía volverse a Austria, por trabajo y así se lo comunicó.
En los viajes que emprendió por el mundo, cuando tenía 22 años, había conocido muchas minas, pero ahora lejos, pensaba que nunca en una mujer como ésta. Le atraía el pedido que le había hecho.
Nunca pudo enterarse, por qué entró como por un tubo en esta relación. Sí porque bailaba bien tango y ella le enseñaba, sí porque quería volver a su país de origen y entonces el pedido tenía razón de ser.
Mientras que en su cabeza pasaba todo esto, una mañana recibió un correo, donde le decía que estaba embarazada.
Que dirían sus dos hijos ya grandes de esto. Caminó hacia su casa, con los brazos a los costados del cuerpo, la cabeza baja, pensando y pensando.
Una semana después le respondió que siga con todo, él iba a volver a Buenos Aires, que lo espere con ternura. Cuando llegó, se encontraron. Elisa le dijo -no quiero que vivas en mi casa-.
-¿Cómo? para eso volví.- Dijo Andrés.
- Este es mi lugar, buscate uno tuyo. Igual no nos vamos a seguir viendo.-
Como le decía el padre cuando era joven -sos muy testarudo- y él siguió adelante. Se alquiló un departamento cerca. Dejó todo su trabajo en Europa, instalándose en el barrio de Palermo, continuaba su trabajo a través de Internet.
Siempre había sido un hombre de éxito, sobre todo con las mujeres. Y en el trabajo había tenido éxitos económicos, por lo cual podía ahora dedicarse a esperar este hijo.
Ella estaba distante y decía que el embarazo la ponía así. A veces salía con una amiga, hasta que un día, fueron a la clínica, nació la niña. Él se sentía rechazado, no le presentaron a la familia, la amiga estaba siempre cerca de ella y mientras la estaban vistiendo para irse de la clínica, ella le dijo – no te quiero ver más.-
Se dice que algunas mujeres pasan la depresión posparto. Pero a él, le apareció la depresión masculina, debido al rechazo furioso que sintió.
Empezó a gastar el dinero. Mientras tanto ella no quería que visite a la niña. Y empezaron a encontrarse a través del odio. Carta va, carta viene, abogados, querellas, ADN, jueces, citaciones, juicio penal, alimentos pagos y no retirados, asistentes sociales en el medio del padre y la niña.
Hasta que Elisa un día le dijo, -¿Por qué no te vas? No entendés que lo único que quería era un macho para concebir un hijo. Y no quisiste ver nada, aquella tarde yo te presenté en el café a esta amiga, que vos entendiste que yo queria que te la levantes. La realidad es mi pareja-
Él, cada vez, estaba más asombrado de esta mujer que había elegido, para volver a Buenos Aires y armar un nido de amor...
A pasado el verano, hoy cumple 61 años y está solo en un bar. Se quedó mirando la calle llena de los restos de basura que dejaron los cartoneros. Una muñeca rota, tendida en la vereda, había sido arrancada de las manos de la niña.
Septiembre de 2008
Lic. Victoria Aloisio
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